No sé ni cómo explicar lo que me pasa, no sé cómo decir en pocas palabras algo que acontece en muchas, no sé si seguir con esta preocupación o dejarla a un lado, no sé si este sentimiento que arde cual llama en mí es bueno o tan sólo una mera ilusión.
La verdad es que no sé nada, eso es lo que sé, la nada lo es un todo en mi cabeza bastante resumido y compactado el cual se refugia en un pequeño porcentaje personificado en un cofre que al abrirse me destruye... ¿destruirme? Sí, me destruye, se abren todos esos sentimientos, pensamientos, recuerdos, sensaciones pasadad y deseadas que mi cabeza y cuerpo no son capaz de soportar.
Intento liberarme, lo consigo.
Hago ejercicio sólo por el hecho de crear un aura, una fuerza interior que me dé seguridad y confianza a la hora de cualquier evento, tanto conocer a alguien como alguna cosa inesperada. Crear en mí algo que dejé atrás hace mucho y quiero recuperar... pero parece ser que no es suficiente.
Quizás necesite desahogo, pero no me gusta molestar a nadie, ni a mis conocidos, ni a mis amigos, ni a mi familia y cargo con esto desahogándome poco a poco, sólo que no es suficiente, nada es suficiente...
Hasta que llegue un momento en el que diga, se acabó, hasta aquí llegó todo este sufrir, y de repente despierte con la mente despejada, una sonrisa en mi cara plasmada, y rotas las cuerdas de mis preocupaciones, buscar y encontrar de nuevo las perdidas emociones.
Mi mente es la cloaca de mi corazón, y mi corazón se lleva el desastre de mi ser.