jueves, 30 de enero de 2014

¿Un poema? Un intento.

Un joven corazón, inexperto y sorprendido, se rinde ante un sentimiento, el amor para él desconocido.
Un frío corazón lleno de experiencias, se aleja de aquello que podría marcar su diferencia.

Un corazón apasionado, impresionado por amor, se fragmenta en dos sabiendo sus consecuencias; un sabio corazón, que actúa a consecuencia, un viejo corazón, que apenas tiene fuerzas.  
    
Dos almas, dos cuerpos, dos corazones que piden auxilio, dos mentes separadas unidas por un mismo exilio. Dos piezas que piden ser unidas, dos seres que se aman noche y día.
  
Quizá no sepa lo que es el amor, no lo recuerdo, pero algo dentro de mí quiere salir, algo dentro de mí hace poco empezó a vivir, ¿el qué? No lo sé, quizá antes lo sabía... este fuerte sentimiento late en mí día a día.

Una inopia constante, para un corazón que padece amor carente.

Pequeños fragmentos de luz. 1

El ciego corazón. I

Dónde está la libertad de este corazón aprisionado;
aprisionado a un sentimiento que poco a poco le ha matado.
Dónde está la alegría diaria de existir
y las ganas de aprender a vivir.
Dónde quedan esos besos, esos abrazos, esos bailes...
un ciego corazón que sólo entiende braile.

Manuel Alejandro Rodríguez Ponte.

domingo, 26 de enero de 2014

Quizá no sepa definirlo, ni darle forma ni sentido.

¿Qué es el amor a primera vista? ¿qué es estar ciego de amor? ¿qué es ser un luchador por alguien que amas? ¿qué es luchar por algo que quieres que perdure y oor alguien que quieres que esté? ¿qué es arriesgarlo todo por lo que otros definirían como nada y tú como una vida? ¿qué es ese cosquilleo que roza parte de la cara cuando te habla al oído la persona que quieres? ¿qué es esa sensación de tranquilidad cuando estás abrazado a alguien? ¿qué es sentirte el más poderoso del mundo, invencible, y que tu punto débil sea a su vez tu eslabón más fuerte? ¿qué es es sentirse querido, comprometido, protegido? ¿por qué me pregunto esto? ¿realmente aún no lo ue he padecido, o no me ha llegado?

Quizás quiera definir algo indefinible, poseer algo que no puedo corresponder, dar algo que no tengo, o espero recibir algo a lo que no soy compatible.

No sé darle ni forma ni sentido a algo que sólo tiene cuatro letras y millones de significados, para mí, para ti, para todos.

Es algo incognoscible a ojos materiales que buscan definición a una palabra, un sentimiento.

Amor.

jueves, 23 de enero de 2014

¿Qué es el amor?

Y se preguntó, ¿qué es el amor?
Se dijo a si mismo que, era algo incognoscible, era algo indefinible, un sentimiento más que para él no era nada... aunque...

Un día cualquiera, andando por su calle, volviendo de su rutina, la clásica rutina en la que se resumía su vida, decidió girarse y mirar atrás, siempre lo hacía, ¿por qué? Instinto quizá, un acto hecho por defecto o mera parte de su rutina también.

Ese mismo día, por la noche, actuó a consciencia rompiendo así su rutina, saliendo a la calle a gritar, desahogarse, se sentía mal por llevar una vida como la que tenía y que él fuese el único culpable. En la misma calle donde se había girado vio a una chica tímida, tal vez reservada, no lo sabía, pero algo guardaban sus ojos, algo que hizo que parase de gritar y por un segundo, dejase de pensar en sí mismo, pensado en lo que podía esconder esa mirada, en lo que podía haber tras esa misteriosa personalidad.

Al día próximo, no se despertó como siempre, la hora era distinta, no marcó huella esta vez su rutina, era distinto, todo lo que recorría sus pensamientos era esa chica, esa noche y ese momento, "¿quién era? ¿por qué nunca la había visto antes? ¿por qué siento esa sensación al pensar en ella? ¿cómo se fijo en mi existencia?" Esas preguntas daban vueltas y vueltas por su cabeza, pensando que tal vez, sólo era una chica más que miró al fondo de la calle y no a él.

Los días siguientes, continuó con su vida, con su rutina, sin ver de nuevo a la misteriosa chica, sin saber nada de ella, hasta que una noche, pensó en ella al tirar la basura. "¿Por qué de nuevo? ¿por qué vuelven a mí estos pensamientos?" El recuerdo corrompía su mente dando lugar a una confusión que él llamaba 'distraccion' que para él era una pequeña locura.

Pasaron semanas y seguía pensando en ella, seguía obsesionado con una chica que no conocía, con una imagen, un recuerdo breve que marcó y cambió su vida.

Hasta que, de repente, olvidando ya caso por completo el recuerdo, apareció, en su edificio, su ascensor. Ella, callada mirando al suelo, esperaba la llegada a su piso, y él, nervioso mirando a todas partes no pudo evitarlo, se lanzó.
Decidió dirigir unas palabras a la chica, sacándole una pequeña sonrisa tímida a la cara que a él le volvió loco, la acompañó hasta su piso con una última frase antes de su entrada diciéndole, "¿re gustaría comer mañana conmigo?" La única respuesta de esta fue, una sonrisa asiente y una mirada penetrante seguido de un sí que alegró por completo su cuerpo.

Pasaron los días, seguían comiendo, ¿quizá una historia de amor? ¿amistad? ¿desconocidos que llegan a más? ¿o meros conocidos? No lo sabía. Él no sabía qué era el amor, y ella no entendía que sucedía, es más, ninguno lo entendía.

Cada día, tenían más ganas de verse, cambiaron sus rutinas, teniendo así una gran necesidad a la vez que mantenían sus vidas.
Cada día, sus únicos pensamientos eran que harían hoy, quizá mañana, donde comer, qué comer, o tal vez no comían y aprovechaban las horas para estar juntos los dos, en silencio, sintiendo sus latidos, hasta que llegó el momento, hasta que llegó el día.
Sus labios se fundieron como el acero a temperatura elevada, sus corazones aumentaban las pulsaciones como potros salvajes cabalgando juntos al son de un mismo ritmo, su sangre hervía, sus cuerpos se deseaban, se necesitaban y ej ese momento se tenían, ¿qué más podían pedir? Lo tenían todo, tenían lo que nunca habían tenido y siempre habían deseado sin saberlo, tenían un amor, puro y verdadero, fuerte y pasional que podía con todo.

Viajaban, se iban, volvían, comían, bebían, salían, bailaban, lloraban, reían, dormían, se separaban, discutían, se miraban, se besaban, hacían el amor, y todo esto con la misma fuerza que el primer día, aunque cada día más intenso, más sincero, de verdad.

Pasaron días, semanas, meses, años, su vida juntos. Una vida que antes se basaba en dos rutinas que separadas no llevaban a nada, que separadas consistían en una monotonía que mataba lentamente, y que juntas, se complementaban, que juntas eran una, una rutina que rompía con la rutina establecida. Una rutina que ambos improvisaban, un amor que ambos daban vida, y una vida a la que le dedicaban pasión, a la que le dedicaban locura como la primera vez.

Un amor tan cálido y verdadero que llenaba el alma, que daba vida y razón a la palabra vivir y que juntos olvidaban el significado de la muerte.

Como el primer beso, como el primer recuerdo, el primer helado, único e inigualable, así es el primer amor.

"Y se despertó... "

Y se despertó, sin darse cuenta lo tenía todo, un piso tranquilo y apartado, una chica a su derecha entre sus sabanas, un anillo en su mano izquierda, un beso de buenos días y uno de buenas noches.

Sin darse cuenta, tenía todo lo que había deseado, un amor puro y cálido que alimentaba su alma y despejaba sus problemas, un amor tan fuerte que le daba energías para seguir adelante fuese el día que fuese, un amor verdadero del que ambos estaban orgullosos porque se complementaban haciendo así sólo uno.

Sin darse cuenta lo tenía todo, siempre lo tuvo todo, tenía a la mujer más preciosa, ¿del mundo? Quizá no, ni a la más perfecta, pero tantos sus imperfecciones como las de él mismo hacían que fuese algo fuerte y sincero.

Discutían, se peleaban, no se hablaban, se ignoraban pero se amaban. Él le decía las veces que era pesada y ella las veces que era un inmaduro.

Al final, sin darse cuenta, realmente conoció el significado del amor, y sin darse cuenta una mañana temprano, se despertó y se encontró con que todo era un mero sueño.

Un amor tan efímero como gota de lluvia en la piel; como fuego de pasión que arde latente y se apaga lentamente.

sábado, 18 de enero de 2014

Sensaciones.

Un desgarro en el cielo repentino, una melodía erótica que traiga consigo ese cosquilleo general por todo el cuerpo, una fría gota de agua que roze levemente la espalda, un guiño de ojo seguido de una sonrisa, una media vuelta y un abrazo sin motivos pero sincero, el tacto de una piel cálida, el leve tacto de una pluma por sus mejillas, una sonrisa tímida salida de nada que lo dice todo, un pequeño susurro con palabras como cadenas seguidas de un 'te quiero' al oído, un par de corazones latiendo al son de un ritmo discontinuo que ambos empezaron, la mordedura al labio, leves roces, pequeños gestos, miradas cómplices, testigos de un acto que sólo ambos desean con su otra mitad.

Son sólo palabras, a la hora de la verdad, quedan las sensaciones.

viernes, 17 de enero de 2014

Son pocas palabras para explicarlo todo.

No sé cómo explicar lo que siento, lo que me pasa por la cabeza o directamente, lo que me "pasa".

Es una sensación un tanto rara, quiero decir, me siento solo aunque esté acompañado de la mejor gente, aunque tenga el privilegio de conocer a tales personas y compartir tiempo con ellos. Seré sincero, mi vida nunca ha estado tan llena hasta que llegué aquí, han sido mudanzas continuas, han sido cambios y pérdidas de personas, de amistades, amores, no sé, en general. Hace un par de años ya, me mudé aquí y al principio me repetía lo mismo, me decía a mi mismo: "Manuel, no encajas, ellos se conocen de toda la vida, tú llevas meros días aquí." Todo eso, todas las mañanas, y efectivamente, me sentía sobrante.

Poco después, fui conociendo a la gente, soltándome más y aprendiendo de ellos, aprendiendo muchas cosas que a día de hoy, me han servido pero, luego me vino la segunda frase continua en mi cabeza siempre: "Esto sólo será dos años; será la misma historia de siempre. Tú te irás y quedarás como un recuerdo, efímero como la estancia de una hoja con viento arrasador en un árbol." Siempre ocurría lo mismo y, siempre me queda esa sensación, siempre me quedará la sensación de que por más que encaje en un sitio, tenga amigos, muchos o pocos, terminaré yéndome y quedaré como cada dos años, en el olvido.

Por eso hay veces, numerosas veces que me siento solo, que siento que por mucho que haga o mucho tiempo que ellos estén conmigo, nunca encajaré.

Soy afortunado de tener tal magnífica compañía, y valoro todo lo que ellos hacen por mí. Les debo mucho, son por así decirlo, la clave de mis dos mejores años fuera de mi casa, la enseñanza de valores imprescindibles y la fuerza que me acompaña cuando recuerdo que están conmigo. Los sinceros, reales, los que valen oro.

Gracias una vez más, de todo corazón y cabeza.
Os quiero mucho, de verdad.