viernes, 27 de febrero de 2015

Ser, ser humano.

El ser humano, ser imperfecto.
Regido por religiones,
privado de pensamientos.
El ser humano juega a ser perfecto.
Muere por tentaciones,
llora por trágicos lamentos.
El ser humano, el ser más frágil.
Cree ser divinidad,
en un mundo de depredadores.
No es más que la presa más fácil,
de expertos cazadores.

Exige privacidad,
cuando no respeta lo ajeno.           
Hace de este mundo,
un lugar menos ameno,
lleno de temores y miedos,
llenos de 'quiero y no puedo'.
Empieza desde cero,
destruye todo a su paso.
Sin excusas ni peros,
puntual sin retraso,
a la conquista de tierras,
que no le pertenecen.
Imparte muertes y desgracias,
a aquellos que no la merecen.

El ser humano es así,
¿qué más puede pedir?
Un ser que olvidó sus orígenes,
y se perdió en una utopía,
donde era el más fuerte de los seres,
que piensa todavía, que controla noche y día, que controla verano e invierno, que controla quién va al cielo y quién al infierno.
¿Quién creó al ser humano? 
¿Quién le dio herramientas?
¿Quién le dio las fuerzas, para construir y destruir con sus propias manos?  
Curioso que el creador de dicho ser,
no pueda aparecer y demostrar lo equivocado,
que estuvo al crear al dichoso ser humano.
Se guía por instinto, como cualquier animal, fatal error el de creer en tal ser infernal.    
Se guía por venganza, amor, rencor u odio, quiere ser el mejor, primero en el podio.

Quiere ser un dios, sin saber que es un siervo.
Quiere ser el rey, sin saber que es un peón.
Quiere ser una fuerte cadena, sin saber que es un oxidado eslabón.
Perdido y deshecho, hecho por la nada y acabando siendo polvo.

Como una barca sin marea, quieta,  y sin viento.
El pecado de Dios al crearnos fue darnos sentimientos.

jueves, 26 de febrero de 2015

Ser(e).

Soy tu peor pesadilla,
Tú mi octava maravilla.

Eres mi rosa y yo tu espada.
Eres la espina en mí clavada.
Eres mi grito de auxilio.

Mi compañía en este exilio.
Mi soledad y mi delirio,
Mi otra mitad y mi martirio.

Eres la dosis de THC,
que mi cuerpo necesita.
¿Mi droga? No lo sé.
Sé que tu cuerpo me incita.

A bailes de locura,
en mi imaginación.
La enfermedad y la cura,
de mi pobre corazón.
          
Eres oro y eres plata,
de las que enamora y luego mata.
Eres vida y eres muerte,
tímida, insegura, y a tu vez fuerte.    

Eres rima, eres poesía.
Eres Salinas, 'la voz a ti debida'.
Eres música, guitarra, eres arte.
Eres la razón por la que el mundo late.

martes, 17 de febrero de 2015

Relato.

Una oscura noche de invierno, andaba por las frías calles sin saber dónde me adentraba, la temperatura probablemente estaría bajo cero, pero yo estaba sudando. Hiperventilaba y mis latidos era superiores a la media normal, ¿ansiedad? No lo sé.

Esa misma noche, entré por la puerta de un bar. Pedí lo de siempre, "una de Jack, por favor". El camarero me miraba como si fuese un monstruo, mientras yo tenía la mirada perdida intentando recordar a aquella chica.

Una vez el camarero me sirvió la copa, se acercó a mí un caballero, vestido de traje, unos cincuenta años, con un bastón en su mano derecha, canas y gafas Calvin Klein.

Me dijo, "te veo perdido muchacho." Acto seguido, me invitó a otra copa. Pasaron las horas, vasos vacíos y ya habíamos entablado conversación, extraño fue.
Me dijo que ya no me veía tan perdido, pero sí notaba que había perdido algo. En ese momento, mi mano quedó sin fuerzas y mi vaso cayó.

"¿Había perdido algo?" esa era la pregunta que me hacía de camino al bar. Desabroché un poco mi corbata y me senté en el sofá del bar, mientras pedía la última copa de la noche. Antes de irse, aquel caballero me dijo una frase que, me marcó. "Si intentas recordar algo, primero recuerda quién eres. Si estás perdido, lo que buscas no lo encontrarás de esa manera. Buenas noches joven."

Dejé la copa en una mesilla que había en frente del sofá, e intenté recordar.
Vagas imágenes de no más de cinco segundos venían a mi cabeza, risas, llantos, venían a mí pequeños fragmentos de lo que podía ser una cara de alguien, una bonita curva, vaya sonrisa... una mirada penetrante, vaya ojos, una voz que disipaba el dolor, pero no conseguía tener un recuerdo estable. Mi cabeza no paraba de dar vueltas y yo seguía perdido por más que lo intentase.

Pedí la cuenta y pagué al camarero, inmediatamente salí de aquel bar. "No sé si me vinieron bien esas copas" pensé.

Pasé gran parte de la noche diambulando por la calle, eran ya las 5:03am, y yo seguía perdido, hasta que de repente empezó a llover. Me metí en un callejón cubierto, recostado sobre una pared, suplicando a Dios que se apiadase de mí, que me devolviese al menos un recuerdo.
Era un vivir sin vivir.

Eché mi cabeza sobre un contenedor para al menos intentar dormir. En ese momento, entré en un sueño donde yo era el testigo de lo que tanto ansiaba por ver, mis recuerdos.

Vinieron todos como si de una película casera se tratase, y fui observando cada uno de ellos. Todo era tan aleatorio, pero seguía un orden, el orden lineal de mi vida.

Entre ellos, habían recuerdos de cuando era crío, con mi hermana, mi fallecido tío, mi familia, los viajes que había realizado, todos empaquetados en cuestión de minutos. "Breve y movida vida la mía" pensé. Entonces, llegó ella, mi cabeza detuvo gran parte de estos recuerdos a cámara lenta, al fin la había encontrado.
Recordé los paseos por la orilla de las Canarias, aquél bonito verano. Recordé ese viaje improvisado a París por el día de los enamorados. Recordé cuando nos escapamos en semana santa sin que nuestros padres supieran nada. Recordé como me encantaba picarla y hacerle guerra de cosquillas, lo bonito que era plasmarla en un papel y colgar sus retratos por toda la casa. Recordé también el día que me escribió un poema en la espalda, mientras yo me perdía en sus lunares. Nunca supe que ponía aquel poema. Pero también recordé no sólo lo bonito... recordé discusiones, llantos de su parte, portazos, pero a pesar de eso, se nos veía muy feliz.

Entonces sonreí y pensé lo imprescindible que puede llegar a ser una persona, y cómo alguien más joven que tú puede llegar a ser tu maestro y tú su alumno.

Estaba ya por el final de mis recuerdos, ¿cómo puede ser esto? ¿si hace un momento estaba bebiendo en un bar y manteniendo una conversación con un señor? Pues me equivocaba. El último recuerdo que tuve fue el de subir al coche y partir a su casa, después de una fuerte discusión por teléfono.

Quizás quería presentarme y pedirle disculpas, pero no sé realmente lo que quería hacer, sólo sé que llevaba una pequeña caja de Swarovski en el lado del copiloto. Fui por la carretera principal hacia su casa, el velocímetro pasaba rápidamente de 80 a 100, de 100 a 120, y como si nada, todo acabó. Ese era mi último recuerdo. Pero si era así, ¿cómo hablaba conmigo mismo? "No es lógico" me decía. "Quizás cada cosa tenia su sentido" suspiré. Y empecé a buscarlo.

Las calles frías quizás reflefaban aquella noche y el trayecto, el bar reflejaba un sitio donde parar a pensar y orientarme, la bebida un método de distracción y el caballero del bastón mi guía. Una vez perdido pero encaminado, el callejón era la clave, ¿pero qué me impulsó a recordar? ¿qué me impulsó a seguir adelante?

Abrí los ojos y seguía en ese callejón, las calles solitarias y cada vez más oscuras, pero al final de éste, surgió una fuerte luz, y una voz que gritaba mi nombre, "¿Quién eres?, ¿me oyes?" grité con las pocas fuerzas que me quedaban. Seguían las voces, así que decidí correr hacia ellas, sin saber lo que esperaba pero confiando en esa voz, me resultaba familiar.

Salté a lo que podría haber sido el final y una vez más, me equivoqué. No era el final, era la forma de retomar lo que había dejado a medias y lo que quizás una fuerza divina me devolvió, la vida.

Me desperté y lo primero que vi fue a ella dormida en un asiento de lo que parecía ser un hospital. Pegados a mí, cables y máquinas que iban al compás de mis latidos, pero eso me importaba cero, la había encontrado, todo lo que estaba buscando. Y quizás mi fuerza era ella, el motivo para despertarme.

Al final encontré lo que había perdido sin saber que siempre había estado conmigo.

lunes, 16 de febrero de 2015

Ser lo que no soy.

Quiero ser tu verano, tu invierno.
Quiero ser tu odio o tu amor.
Ser la medicina de tu dolor.
Ser aquél que te saque del infierno.

Quiero ser tu noche y tu mañana.
Quiero ser tu fiel admirador.
Tú mi escudo y yo tu gladiador. 
Ser el dardo y tú la diana.

Quiero ser tu mar.
Quiero ser tu orilla.
Aquél que te haga cosquillas.
Aquél que te pueda amar.

Quiero ser tus ojos.
Quiero estar en tu mirada.
Ser capaz de cuidarte
y no temerle a nada.

Quiero ser tu fuerza
y tú la mía.
Quiero ser tu amanecer
y el resto de tus días.

Quiero ser la sombra de tus pasos.
Quiero ser esos zapatos,
que saben dónde vas.
Por si me pierdo alguna vez,
saber dónde estarás.

Quiero serlo todo, y a la vez nada.
Quiero verte crecer,
quiero verte aprender.
Quiero ser tu motivo,
de sonrisas y no de llantos.
Quiero ser aquél que pueda quererte tanto.

Quiero verte fuerte,
quiero ser tu suerte.
Ser testigo de tu ternura.
Ser la víctima de tu dulzura.

Quiero ser tu diadema de diamantes.
Quiero ser tu mitad de la cama,
quiero ser la bestia y tú la dama,
Quiero ser lo que no soy, tu amante.

martes, 10 de febrero de 2015

Soldado de mil batallas.

Soldado de mil batallas, ¿cuántas guerras has presenciado?, ¿cuántos hermanos has despedido?

Soldado de mil batallas, ¿cuántas balas has disparado?, ¿cuántas familias has destruido?

Soldado de mil batallas, ¿cuántas oraciones has rezado?, ¿cuántos corazones has herido?

Soldado de mil batallas, ¿cuántas vidas has quitado?, ¿cuántas muertes has vivido?

Soldado de mil batallas, dime, ¿le temes a la muerte o a la vida?
Una por ser icso facta, o la otra por ser la víctima.

miércoles, 4 de febrero de 2015

A cada uno. Por cada uno.

A cada mirada, cómplices de la nada. A cada sonrisa, el corazón late más deprisa. A cada tacto, el amor cierra un pacto. A cada paso, uno se hace más fuerte.
Por cada caída, una lucha por delante. Por cada lágrima, mil más de alegría. Por cada vida, una esperanza renace. Por cada muerte, un amor fallece. Por cada alma solitaria, hay otra que la espera. Por cada espera, hay una recompensa.
A cada tren perdido, hay tres más que despegan.
Por cada estación visitada, quedan ciudades desconocidas. Por cada uno y uno, existe un dos. Por cada error, un aprendizaje. Por cada viaje, un nuevo paisaje.
A cada anochecer le sigue un amanecer, que torna el atardecer y se repite el ciclo. A cada noche en vela le sigue dormir un siglo. A cada punto de vista, le sigue su discusión, y a cada discusión una opinión distinta. A cada mente cerrada, está designada una llave, y a cada mente abierta, un libro nuevo sin abrir.

Por cada poema, por cada estrofa, por cada verso, cada rima y cada palabra, existe una persona que pronto quedará enamorada.