Qué puedo hacer con
una vida que no sé vivir,
por qué he de luchar,
si me siento sólo,
frío y vacío sin fondo,
sin fin más que con el fin,
de saber dónde empiezo,
dónde sigo y dónde termino.
Y qué sentidos he de sentir,
si te alejo de mí,
si me alejas de ti,
de tu alma, mi calma,
mi dulce melodía, sinfonía
de alegría al corazón.
Cálido tacto de pétalos,
rozando la piel del infante
sentimiento, inocente,
tímido, puro, escondido
bajo este caparazón.
Tesoro, amada, manzana
de Adán y fruto de Eva,
sol radiante, ténue mañana,
sagrados labios aquellos
que de ti beban.
¡Beban! de tu risa,
¡Beban! de tu boca.
Locura tan cuerda que,
de mi garganta afloja,
el nudo atado por miedo,
lo que quiero y no puedo,
lo que debo y no hago.
Tú a la vez de vino, mi veneno,
mi cicuta, ardor, mal trago,
mi cálido vodka,
mi frío engaño.
Canto tan libre eres,
contraste del bien y mal,
mi herida por aguja,
sangre sin dedal.
Eres la voz que retumba,
mi vida en ultratumba.
Soy el mal que conoces,
dulce elixir de dioses.
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