jueves, 18 de febrero de 2016

Febrero.

He de reconocer que hacía frío fuera, pero contigo sentí calor, me sentí acogido entre brazos que jamás soltarían un alma sin rumbo fijo como la mía, que serías mi guía y mis alas, y yo tu escudo si algo malo te pasara. Y recuerdo ese paraguas, ese que quedó pequeño ante nuestros imprevistos bailes, sin plan ni ritmo más que el ritmo de mi cabeza y mi murmullo de canción, ¡y tú la seguías! La seguías al son de mi corazón. Entre latido y latido, gota y gota, nos empapamos y corrimos en búsqueda de cualquier seco lugar, perdidos sin haber perdido el rumbo ni el ritmo de aquel baile y aquella canción.

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