Y se preguntó, ¿qué es el amor?
Se dijo a si mismo que, era algo incognoscible, era algo indefinible, un sentimiento más que para él no era nada... aunque...
Un día cualquiera, andando por su calle, volviendo de su rutina, la clásica rutina en la que se resumía su vida, decidió girarse y mirar atrás, siempre lo hacía, ¿por qué? Instinto quizá, un acto hecho por defecto o mera parte de su rutina también.
Ese mismo día, por la noche, actuó a consciencia rompiendo así su rutina, saliendo a la calle a gritar, desahogarse, se sentía mal por llevar una vida como la que tenía y que él fuese el único culpable. En la misma calle donde se había girado vio a una chica tímida, tal vez reservada, no lo sabía, pero algo guardaban sus ojos, algo que hizo que parase de gritar y por un segundo, dejase de pensar en sí mismo, pensado en lo que podía esconder esa mirada, en lo que podía haber tras esa misteriosa personalidad.
Al día próximo, no se despertó como siempre, la hora era distinta, no marcó huella esta vez su rutina, era distinto, todo lo que recorría sus pensamientos era esa chica, esa noche y ese momento, "¿quién era? ¿por qué nunca la había visto antes? ¿por qué siento esa sensación al pensar en ella? ¿cómo se fijo en mi existencia?" Esas preguntas daban vueltas y vueltas por su cabeza, pensando que tal vez, sólo era una chica más que miró al fondo de la calle y no a él.
Los días siguientes, continuó con su vida, con su rutina, sin ver de nuevo a la misteriosa chica, sin saber nada de ella, hasta que una noche, pensó en ella al tirar la basura. "¿Por qué de nuevo? ¿por qué vuelven a mí estos pensamientos?" El recuerdo corrompía su mente dando lugar a una confusión que él llamaba 'distraccion' que para él era una pequeña locura.
Pasaron semanas y seguía pensando en ella, seguía obsesionado con una chica que no conocía, con una imagen, un recuerdo breve que marcó y cambió su vida.
Hasta que, de repente, olvidando ya caso por completo el recuerdo, apareció, en su edificio, su ascensor. Ella, callada mirando al suelo, esperaba la llegada a su piso, y él, nervioso mirando a todas partes no pudo evitarlo, se lanzó.
Decidió dirigir unas palabras a la chica, sacándole una pequeña sonrisa tímida a la cara que a él le volvió loco, la acompañó hasta su piso con una última frase antes de su entrada diciéndole, "¿re gustaría comer mañana conmigo?" La única respuesta de esta fue, una sonrisa asiente y una mirada penetrante seguido de un sí que alegró por completo su cuerpo.
Pasaron los días, seguían comiendo, ¿quizá una historia de amor? ¿amistad? ¿desconocidos que llegan a más? ¿o meros conocidos? No lo sabía. Él no sabía qué era el amor, y ella no entendía que sucedía, es más, ninguno lo entendía.
Cada día, tenían más ganas de verse, cambiaron sus rutinas, teniendo así una gran necesidad a la vez que mantenían sus vidas.
Cada día, sus únicos pensamientos eran que harían hoy, quizá mañana, donde comer, qué comer, o tal vez no comían y aprovechaban las horas para estar juntos los dos, en silencio, sintiendo sus latidos, hasta que llegó el momento, hasta que llegó el día.
Sus labios se fundieron como el acero a temperatura elevada, sus corazones aumentaban las pulsaciones como potros salvajes cabalgando juntos al son de un mismo ritmo, su sangre hervía, sus cuerpos se deseaban, se necesitaban y ej ese momento se tenían, ¿qué más podían pedir? Lo tenían todo, tenían lo que nunca habían tenido y siempre habían deseado sin saberlo, tenían un amor, puro y verdadero, fuerte y pasional que podía con todo.
Viajaban, se iban, volvían, comían, bebían, salían, bailaban, lloraban, reían, dormían, se separaban, discutían, se miraban, se besaban, hacían el amor, y todo esto con la misma fuerza que el primer día, aunque cada día más intenso, más sincero, de verdad.
Pasaron días, semanas, meses, años, su vida juntos. Una vida que antes se basaba en dos rutinas que separadas no llevaban a nada, que separadas consistían en una monotonía que mataba lentamente, y que juntas, se complementaban, que juntas eran una, una rutina que rompía con la rutina establecida. Una rutina que ambos improvisaban, un amor que ambos daban vida, y una vida a la que le dedicaban pasión, a la que le dedicaban locura como la primera vez.
Un amor tan cálido y verdadero que llenaba el alma, que daba vida y razón a la palabra vivir y que juntos olvidaban el significado de la muerte.
Como el primer beso, como el primer recuerdo, el primer helado, único e inigualable, así es el primer amor.
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