Estuve enamorado de la muerte mientras la vida me sonreía a la cara.
Ahora que la he probado, sé que no queda nada.
La muerte me hizo un pacto, me vendió un ser divino.
Me enseñó un camino, me sedujo con su tacto.
Su sabor era, infinitamente adictivo. Su rostro y físico, naturalmente atractivos.
Por dentro era fría y pálida; me mostró que era ardiente y cálida.
Ya no le temía, ella era mi alegría "¿Qué más dará?" Lo que pensé.
Me precipité ante esa decisión.
Vacío dejó mi corazón perdido entre corazas de hielo, y hundido, al más hondo abisal.
Fatal elección, sin pensar que cometí. Sentí que fuiste mía, cada noche y cada día, y tenté, pequé; mordí de la manzana por ti, sin saber que me dejarías así.
Entre tinta, sangre y sábanas, mis recuerdos son claros; sudor, pasión y algo de gracia.
Tu imagen en mis ojos y tu sonrisa en mi cara, te creí la más perdida, y resulté ser Alicia.
Tú la reina y el amor la liebre; tu mi cura, mi enfermedad, mi fiebre. Mi fino hilo entre la vida y la muerte.
Y ahora te tengo sin tenerte, te fuiste lejos; te quedaste en mi mente.
Ahora que no estoy, que no estás, no sé ni lo que soy, ¿por qué te vas?
Y te fuiste, ni siquiera te diste cuenta de lo mucho que te quise.
Mantengo un trato con tus fotos, resulta triste, pretender inmortalizar a alguien que perdiste.
Mantengo un trato con tus ojos, tu mirada clavada en mi mente como paisaje cada día.
Un trato con tu risa, como piano que pone banda sonora a la vida.
Un trato con tu cuerpo, las curvas donde me pierdo sabiendo encontrarme.
Y un trato contigo; aunque te hayas ido, encontrarte siempre será lo más bonito que he vivido.
lunes, 10 de agosto de 2015
Sin destinatario.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario